Lograr espacios de trabajo seguros y productivos exige tratar el ambiente de las instalaciones como una prioridad absoluta dentro de los planes de riesgos laborales. Dada la creciente contaminación y la frecuente acumulación de aire viciado en las zonas cerradas, se hace obligatorio intervenir.
Para garantizar una correcta calidad del aire interior, medidas de prevención eficaces deben ponerse en marcha respetando siempre al milímetro la normativa actual.
¿Cómo controlar la calidad del aire interior?
La permanencia prolongada en recintos cerrados conlleva respirar, por norma general, un aire con una carga contaminante muy superior a la del exterior. A la larga, esta situación termina provocando molestias bastante cotidianas: episodios de fatiga, dolores de cabeza o irritación de las vías respiratorias.
Poner freno a este desgaste y controlar de verdad el ambiente pasa por un proceso muy claro. Primero, hay que ejecutar una evaluación técnica exhaustiva; y después, someter las instalaciones a una monitorización continua.
Identificación de contaminantes en el entorno de trabajo
Dentro de las oficinas y los espacios industriales, un paso indispensable consiste en localizar los focos de contaminación del aire y los contaminantes que aparecen con mayor frecuencia:
- Compuestos orgánicos volátiles (COV) que proceden de pinturas, mobiliario o productos químicos de limpieza.
- Concentraciones elevadas de CO2 derivadas de una ventilación insuficiente.
- La presencia de partículas en suspensión, bacterias, virus o un exceso de humedad propicia la aparición de moho.
Cada tipo de edificio presenta unos riesgos distintos; por ello, las medidas preventivas deben adaptarse siempre al uso concreto de cada instalación.
Sistemas de medición y monitorización en tiempo real
Supervisar el entorno de manera continua hace posible intervenir antes de que los problemas acaben afectando a la salud. Evitar el deterioro del ambiente interior exige que la ventilación y los sistemas de control logren estabilizar los niveles de CO2, la temperatura y la humedad. Para alcanzar este objetivo, a nivel empresarial existe la posibilidad de recurrir a equipos de medición industrial.
Elementos como los detectores de gases o los sistemas de adquisición de datos están pensados, precisamente, para vigilar estas variables ambientales en tiempo real.
Auditorías y cumplimiento del RITE y PRL
El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios marca las exigencias básicas de ventilación y renovación del aire acondicionado para asegurar un entorno saludable. Por su parte, la realización de auditorías higiénico-sanitarias sirve para constatar en la práctica si estas instalaciones alcanzan los niveles de calidad requeridos.
¿Qué se puede hacer para combatir la mala calidad del aire interior?
Una vez localizados los focos de contaminación, hay que aplicar medidas correctoras para reducir los riesgos y conseguir un aire más limpio en los espacios cerrados.
Ventilación mecánica y optimización de sistemas HVAC
La ventilación mecánica resulta esencial para extraer el aire viciado y renovar de forma continua el ambiente interior. Es imprescindible que los sistemas HVAC introduzcan el aire exterior suficiente y sostengan un caudal adecuado que impida la acumulación de contaminantes
Para optimizar dichos procesos, cabe la posibilidad de emplear caudalímetros industriales que faciliten el control de los flujos de aire y la revisión del estado de los filtros en las redes de ventilación.
Filtración e higienización de conductos
Para reducir el nivel de contaminación en espacios cerrados, resulta indispensable la filtración de partículas y gases. El uso de filtros HEPA y de carbón activo contribuye a suprimir partículas finas, olores y compuestos contaminantes. De igual forma, es estrictamente necesario efectuar labores periódicas de limpieza y mantenimiento en los conductos y en las unidades de tratamiento de aire.
Control de los focos de emisión
La prevención más efectiva pasa por intervenir directamente en el origen del problema. Reducir la utilización de productos químicos agresivos, regular la humedad y optimizar la extracción localizada en los procesos industriales consigue minimizar el impacto sobre la calidad del aire interior.
Del mismo modo, conservar una ventilación adecuada y supervisar las instalaciones de forma constante hace posible rebajar los riesgos, incrementar el bienestar y asegurar espacios de trabajo más sanos y eficientes.

